El mamarracho electoral K

Cada día se le hace más difícil a la justicia electoral K ajustar los cómputos a lo proclamado por el gobierno y Clarín antes de que se escrutara un solo voto. Y eso que sólo “saltan” los problemas en donde las contradicciones por arriba fuerzan a abrir las urnas.
En Jujuy los candidatos de Kirchner, Fellner y “los colombianos” le robaron la elección a Snopeck: llevaba 30.000 votos de ventaja en la Capital y había ganado muchas ciudades de la provincia y, “de repente”, perdió… Snopeck y otros tres partidos presentaron en la justicia un pedido de nulidad de las elecciones.
En Buenos Aires “falta escrutar el 60% de los votos de la provincia”, “el escrutinio es un caos” (La Nación, 25/11): hay planillas con falta de datos, sumas mal realizadas, casilleros sin completar y notas ilegibles. Hay “cientos de mesas en las que las autoridades despacharon las urnas sin contar los votos ni llenar las planillas” (La Nación, 25/11). ¿Cómo contaron los votos a presidente y vice en las urnas que ahora abren y reconocen que estaban sin planillas?
Dirigentes opositores plantean que el fraude fue del 3% en el Gran Buenos Aires y otro 3% en las provincias. Sumaría el 6% que hubiera forzado a CK a una segunda vuelta.
Sin un pacto de gobernabilidad de los de arriba, el mamarracho electoral K sería un escándalo nacional e internacional. Los hechos van mostrando que ese pacto fue clave para garantizar el resultado de las elecciones. Ese mamarracho incluyó el robo de abstenciones y votos en blanco –sólo en las abstenciones, “aparecieron” más de 300.000 en el escrutinio definitivo sin que las autoridades expliquen esa “aparición”– lo que demuestra que el rechazo a los candidatos del sistema fue mucho más grande de lo que se proclamó, y que la legitimidad de este gobierno es mucho menor de lo que pregona.

Fuente Semanario Hoy 27/11/07 - ISSN/ Nº 0329-577X